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    LA MADRE

                                                

                                                                                

     LA MADRE

     

     

    Hay  en la vida del hombre una

     

    mujer  que tiene algo de Dios por la

     

     inmensidad de su amor, y mucho de

     

    ángel por la incansable solicitud de

     

    sus cuidados.

     

     

     

    Una mujer que, siendo joven, tiene

     la reflexión de una anciana, y en la

     vejez trabaja con el vigor de la juventud.

     

     

    Una mujer que, siendo ignorante,

     descubre los secretos de la vida con

     más acierto que un sabio y, que

     siendo instruída, goza con el candor de los niños.

     

     

    Una mujer que, siendo pobre, se

    satisface con la felicidad de los que

    ama, y, siendo rica, daría con gusto

    todos sus tesoros por no sufrir la

    herida  de la ingratitud en su corazón.

     

     

    Una mujer que, siendo vigorosa, se

     estremece con el vagido de un niño,

     y, siendo débil, se reviste a veces

    con la bravura de un león.

     

     

    Una mujer que, mientras vive no la

    sabemos estimar, porque a su lado

     todos los dolores se olvidan, y que,

     después de muerta, daríamos todo

     lo somos y todo lo que tenemos  por

     mirarla de nuevo un solo instante,

    por recibir de ella un solo abrazo,

     por oír un solo acento de sus labios....

     

     

    Si alguno os preguntare quién es esa

     mujer, respondedle que estas

    palabras son un bosquejo del retrato de vuestra madre.

     

     

    Ramón Ángel Jara.

     

      

    Mi madre me dio la vida;

    mi madre arrulló mis sueños

    cuando en mi  infancia querida

    soñaba el alma dormida

    con horizontes risueños.

     

    ¡Cómo poderlo olvidar

    si ella me enseñó a marchar

    por la senda del deber,

    y ella me enseñó a rezar,

    y ella me enseñó  creer!

     

    Ella me supo infundir

    esta santa fe cristiana

    que me ha ayudado a vivir,

     y ha de ser quizá mañana

    la que me enseñe a morir.

     

    Sus labios me la enseñaron

    y en mi mente la infundieron,

    sus virtudes la cantaron,

    sus ejemplos me la dieron,

    sus besos me la grabaron.

     

    Siempre que he invocado

    de es fe la santa ayuda,

    con más valor he luchado

    y mi espíritu ha triunfado

    en sus luchas con la duda.

     

    ¿Y a quién debo tal victoria

    sino a mi madre querida,

    que en el alma y la memoria

    me dejó esta fe esculpida

    como un título de gloria?

     

    (  Fragmento)

    Gabriel y Galán 

     

     

     

      Tú eres madre la copa de consuelo

    que con la fibra del pesar se calma,

    y billas como el iris en el cielo

    tras la deshecha tampestad del alma.

     

    Madre, tú  eres amor, amor bendito,

    amor siempre inmortal, amor sin nombre;

    el único en que encuentra un infinito

    el insaciable corazón del hombre.

     

    (fragmento)

    Manuel M. Flores    (México)